"Puedo escribir y no disimular, es la ventaja de irse haciendo viejo"
-Fito y Fitipaldis
Las cosas no marchaban bien, pero al menos marchaban. Había
pasado más de medio año desde aquel mes de marzo de 2020, y los meses habían
pasado muy lentos, cualquier novedad me parecía motivo de celebración…
Y vaya si hubo novedad, allí estaba yo, en Dublín, fregando
platos en un restaurante ubicado en la zona del Temple Bar, trabajando de
“kitchen porter” (ayudante de cocina). Pero para temple el mío, que había
decidido ir para allá sin apenas hablar inglés, sin apenas haber viajado y por
convencimiento de mi amigo “Euska”.
Mi buen amigo Euska llevaba mes y medio apurando sus últimos
estudios en una residencia universitaria ubicada en la zona pija de Dublín,
donde combinaba trabajo a distancia con cerveza.
“Miguel, cabrón, en España no estás haciendo nada, ¿Por qué
no te vienes a Irlanda? Aquí es muy fácil encontrar trabajo. Vente, aprendes
inglés, y nos vamos de fiesta, aquí hay más libertad con el covid que en
España”
El caso es que tenía razón, el covid había frenado en seco
todas mis aspiraciones como guía turístico y como borracho, y no tenía pinta de
mejorar en los próximos meses…
Así que de golpe y porrazo me encontraba fregando cacerolas
en una cocina irlandesa en la que trabajábamos: Húngaros, brasileños,
senegaleses, madrileños y hasta un murciano.
“Pues sí que voy a aprender inglés, de cojones.”
Es cierto que en Irlanda el salario mínimo oscila entra los
1600-1700€, pero las jornadas de 12 horas me estaban machacando, y eso que tan
sólo llevaba 4 días.
“Miguel,
come on!!! Quickly!! I need another knife!!” (¡Vamos Miguel otro
cuchillo!)
Me pasaba el día diciendo “thank you” y “sorry”. Estaba
fregando casi siempre delante de una ventana ligeramente abierta que daba a un
patio interior lleno de contenedores, afuera casi siempre estaba nublado y
solía lloviznar, el panorama desde luego era novedoso, pero poco halagüeño…
El jefe de cocina se hacía llamar “Bela” era un húngaro de
aproximadamente 100kg y 1,80 de altura, tatuado entero, parecía recién salido
de cualquier cárcel de Budapest.
- “FUCKING
MIGUEL!! I NEED ANOTHER POT!! COME ON, YOU´RE THE FASTEST PERSON IN SPAIN!!” (PUTO
MIGUEL, QUIERO OTRA CAZUELA, ERES LA PERSONA MÁS RAPIDA DE ESPAÑA)
- “Sorry Chef”
Al principio me hacía gracia lo absurdo de la situación,
realmente soy torpe con el inglés, pero soy mucho más torpe con las manos, no
era capaz de limpiar todo lo rápido que me pedían, así que me limitaba a
sonreír y a pedir perdón
“Sorry, sorry, sorry :) “
De vez en cuando también me encargaban otro tipo de tareas
más intelectuales, como reponer las cámaras frigoríficas o mover bidones de
cerveza de 25kg cada uno. Ciertamente era un coñazo, pero en comparación con
estar fregando, me parecía el cielo. Además, lo hacía con mi compañero de curro
murciano, un chaval de veintipocos muy delgado y bajito.
- “No te preocupes, los primeros días se tarda un poco en
saber dónde se coloca cada cosa, pero luego todo esto es pan comido”
- “SHUT UP YOUR FUCKING MOUTH” (CIERRA LA PUTA BOCA) le
gritaba el jodido Bela
En el restaurante, tanto el murciano como yo éramos el
último escalafón de la plantilla, era comprensible, puesto que éramos los que
menos inglés sabíamos, pero tras 12 horas diarias de gritos y bromitas, estaba
frito, volvía a casa bastante quemado.
“Sex, estoy hasta los cojones de todo esto, Dublín es
triste, las chicas son feas y horteras, la comida espantosa y, además, a las 4
es de noche”
“Me estás amargando, hijo de puta”
Ambos teníamos razón.
“Sex” (apodado así irónicamente por su escaso bagaje en el
catre) era mi particular Robbin y yo su Batman, él mi Sancho Panza y yo su
Quijote, él mi Alaska y yo su Mario Vaquerizo.
Sex se encontraba sin oficio ni beneficio en España, igual
que yo, así que decidió venirse a Irlanda, porque total, cualquier novedad era
motivo de celebración…
Llevábamos siendo amigos en el colegio desde los 11 años. Recuerdo
perfectamente la primera vez que me fijé en él: El cabrón se encontraba mirando
el horario de asignaturas de 1º de la ESO, el cual estaba ubicado a una altura
ligeramente superior a la de su cabeza, era tan descuidado, que, en un claro gesto
que pertenece más a la naturaleza animal que a la humana, no era capaz de cerrar
la boca mientras levantaba la mirada. Portaba unas gafas azules a juego con los
brackets que inocentemente dejaba asomar, además, llevaba la camiseta del chándal
del colegio metida por dentro de los pantalones.
“Hostias, nos han puesto educación física a primera hora,
menuda putada, ya verás que frío, por cierto, me llamo Jesús”
Olía a una mezcla entre suavizante y nenuco, no podía no
elegirle como amigo.
Pero volvamos a 2021. Me encontraba compartiendo piso con
Sex y dos chicas andaluzas, la situación era bastante peor de lo que suena,
porque el piso era diminuto, porque sólo teníamos un baño y porque la vivienda
sólo tenía 2 habitaciones. Estaba hasta los huevos de absolutamente todo,
volvía del trabajo, despotricaba un rato, y me iba a la cama. Sex trabajaba en
un Pub Irlandés que le hacía llegar a casa a altas horas de la madrugada, esto
era un fastidio, porque Sex y yo además de compartir habitación, compartíamos
colchón.
A las 6 de la mañana la claridad ya inundaba la habitación,
me quería pegar un tiro, jamás entenderé que se haya exportado antes el Zara
que las jodidas persianas. Lo cierto es que mi camino al trabajo era bastante
idílico, tardaba 25 minutos bordeando la ribera del Río Liffey en dirección al
centro de la ciudad, la vida durante ese ratito era maravillosa.
“Good
morning Miguel!!!, hfoew laiyu diseid”
“Sorry
Bela, can you repeat please?”
“¡¡¡¡FHFJKASKLJFJAKKA!!!”
“Sorry”
No entendía nada. Era uno de esos días en los que Bela
estaba en la cocina desde el minuto 1, una tragedia. Por suerte Marcela (una
guapísima cocinera brasileña de expresión pausada y más pausado acento) me
hacía de traductora.
“Miguel, bos días, por favor, ve fuera a recoger los bidones
de cerveza, está el camión esperando”
“Claro Marcela, gracias, Marcela”
La jornada de ese día transcurría sin novedad, era mi quinto
día y la verdad, pensé que quizá ya le estaba cogiendo la medida a Bela, al
trabajo, al país, y ojalá a Marcela. Del fregadero que tenía asignado emanaba
siempre un agua ardiendo que facilitaba bastante las labores de limpieza, pero
que era un poco peligroso, ya que podría provocar quemaduras tan sólo con
acercarse lo suficiente a sus vapores.
“OH MIGUEL,
I LOVE THE FUCKING TORRENTE FROM SPAIN!” (MIGUEL, AMO AL JODIDO TORRENTE
DE ESPAÑA)
Me gritó Bela de pronto mientras me daba empujoncitos.
Este húngaro consumidor de estupefacientes siempre hacía
“bromitas” para demostrar que era el más gallo, el más hombre. Ya me dirás que
tipo de persona puede presumir de que le gusta torrente, y encima siendo
húngaro. El cabrón se ensañaba especialmente cuando estábamos cerca tanto el
Murciano como yo. En ocasiones, se acercaba, me miraba fijamente, soltaba algo
en inglés/húngaro y a continuación se marchaba partiéndose los cojones mientras
hablaba con otros “puestos superiores”.
Llevaba 10 horas fregando, todo me molestaba, las manos se
me habían mimetizado con los guantes de goma y todo olía a quemado y a metal.
“Miguel
please, water with in pan”
(Miguel por favor, agua en la cazuela)
Por primera vez, Bela me había pedido algo por favor, pero
realmente estaba tan frito de: Fregar, Irlanda, de compartir colchón, del agua
hirviendo… que incluso eso me había sentado mal. Pero bueno, quien soy yo, sino
un kitchen porter al servicio de mi amado chef, para desobedecer una orden de
tan alto cargo.
Tenía prácticamente la cazuela llena de agua, entrarían
dentro 5 o 7 litros de agua hirviendo, cuando de pronto…
“WATER NO!!! WASHING!!!!!!” (¡¡agua no!! ¡¡Limpia!!)
El centollo húngaro no paraba de zarandearme mientras yo
hacía esfuerzos equilibristas por no derramar el agua hirviendo encima de mí.
“¡Bela, para, jodido trastornado, me vas a abrasar!”
Tenía la camiseta empapada de agua hirviendo, tuve que ir al
baño a escurrirme, desde dentro del servicio oí como se reía, fue demasiado, en
ese momento supe que no podía más.
Al salir del baño, Bela vino hacia a mí para cachondearse un
ratito más de lo empapado que estaba, se me pasaron muchas cosas por la cabeza
mientras me estaba hablando.
“Vete de este puto restaurante, de este puto país, y vuelve
a casa, no tienes porque aguantar a este hijo de puta”
“No, mejor le das un guantazo y te piras”
Cada pensamiento era más exaltado que el anterior, me
temblaban las manos, estaba totalmente fuera de mí. Recordé situaciones
similares con otros compañeros a los que Bela había terminado haciendo llorar,
esto a él le provocaba un placer inmenso, ya que utilizaba las lágrimas del chaval
de turno para después romper en un abrazo, pedir perdón y culminar todo el
numerito con una especie de “reconciliación paternal” que solía ser aplaudida
por todo el restaurante, era una muestra más de exhibición de macho alfa. me
negaba a pasar por eso.
A los 5 minutos me repuse ligeramente, estaba concentrado en
mi respiración, cuando de pronto, me vino a la cabeza una escena de mi buen
amigo Euska con Sex y conmigo.
En dicha escena nos estábamos insultando los 3, siempre he
pensado que entre verdaderos amigos las palabras más cariñosas son los insultos,
y cuanto más variados e incorrectos sean, mejor.
“Sex, eres un puto mariconazo, un verdadero faggot, Dublín
es una ciudad muy LGTBI, estoy seguro de que tu adaptación será fantástica”
Ellos sabían mucho más inglés que yo, así que no sabía que
quería decir “faggot”.
“Quiere decir algo así como maricón”
Ya está. Prácticamente no había hablado inglés en toda la semana
de trabajo, no había articulado 3 palabras seguidas en inglés, pero si de algo
se, es que nada le puede molestar más a un orgulloso seguidor de Torrente que
qué le llamen “maricón”
Yo sabía que la escena de Bela zarandeándome con la cacerola
de agua hirviendo iba a ser la última escena que viviría como trabajador de ese
restaurante, pero no tenía claro aún si quería que me echasen o quería irme.
A tomar por culo, lo que quería era tocar los cojones al
jodido Macho Alfa Húngaro.
Seguía absorto en mis pensamientos, dilucidando, pero cuando
quise darme cuenta Bela se acercó de espaldas, colorado de risa.
“Do you
know the meaning of the word w-a-s-h-i-n-g?”
(Sabes el significado de la palabra l-a-v-a-r?)
Ya está, la ocasión de oro se presentó, al segundo le contesté:
“Yes, and,
do you know the meaning of the word f-a-g-g-o-t?”
(Si, y ¿tú conoces el significado de la palabra m-a-r-i-c-ó-n?)
Se le cambio el gestó totalmente, pasaron 2 segundos que se
me hicieron e-t-e-r-n-o-s, noté como la cocina entera del restaurante quedó
enmundecida.
“Yes” me respondió
“Ok, you´re an absolutely faggot” (Vale, pues eres un absoluto
maricón)
“Its you last
day here” (es tu último día aquí)
No me lo podía creer, nunca en mis 25 años había pasado por
una situación tan fuerte, me pareció todo tan surrealista que a los 2 minutos
dudé sobre si realmente había ocurrido. Seguí fregando un rato mientras lucía
una cínica semisonrisa, por dentro quería romper a llorar, no podía creer todo
aquello. Los que tampoco daban crédito de lo sucedido fueron los trabajadores
del restaurante, toda la semana diciendo “sorry” y “thank you” y de pronto
había dicho con absoluta precisión e incluso con buena pronunciación a mi jefe
que era un auténtico mariconazo.
Bela se fue al baño auténticamente rojo de ira mientras
gritaba a la pobre Marcela. La pobre Marcela trataba de explicarle que dado el
poco nivel que tenía de inglés, yo no sabía lo que le había dicho, la intención
de Marcela fue la mejor, pero resultó desembocar en una situación aún más cómica
y dramática, puesto que tuve que explicarle con mi “inglés” lo que quise
decirle.
“Marcela, yo con faggot no me estoy refiriendo a maricón
como el hecho de ser una persona homosexual, yo lo dije porque sé que a un
gorila como a él le iba a fastidiar el significado arcaico en el que maricón
quiere decir `flojo`o `cobarde`”
“Miguel, ya lo sé, pero es muy fuerte lo que le acabas de
llamar, Bela está llorando en el baño”
Era cierto. El centollo húngaro salió del baño con la cara
llena de lágrimas. Es imposible que este tío no consuma cocaína, pensé para mis
adentros. La cocina se había vaciado, y sólo quedábamos Marcela, Bela y yo.
Marcela en otro gesto de dulzura y cariño hizo de
traductora, me dijo que Bela estaba muy arrepentido de haberme zarandeado en la
cocina, que él sabe que su carácter no es el mejor, pero que jamás quiso
hacerme sentir mal.
“Come on
Miguel, give me a hug” (Vamos Miguel, dame un abrazo)
Los dos nos abrazamos como un padre y un hijo, acto seguido,
la cocina volvió a llenarse de gente y todo el mundo estuvo aplaudiendo, me
dijeron que me fuese a casa, que ya llevaba allí suficientes horas.
“Muchas gracias chicos, os veo a todos mañana”
Una semana después estaba en Valladolid.